viernes 5 de noviembre de 2010

2. ¿Montesquieu ha muerto?

Siendo mal pensado deberíamos preguntar: ¿Acaso vivió alguna vez?

A Montesquieu lo conocemos por ser el artífice de ese mecanismo autorregulador de la Democracia que tan difícil es de alcanzar: la división de poderes. Quizá sea este el aspecto más importante de un sistema democrático. Más incluso que la existencia de elecciones libres.

Los tres poderes clásicos son el ejecutivo, el legislativo y el judicial. En España cualquiera que sea mínimamente avizado observará que el Ejecutivo ejerce su supremacía sobre los otros dos. Un partido gana las elecciones, y pongamos que firma un pacto de legislatura con otros dos partidos minoritarios: el ejecutivo y el legislativo son la misma cosa, disciplina de voto aparte. ¡Si el Senado sirviera para algo!

Los americanos, que nos llevan siglos de ventaja en esto de la democracia moderna, establecieron un sistema de contrapesos que imposibilita la supremacía de un poder del estado sobre los demás. Dicho sistema nace de la preocupación de unos señores que, a diferencia de los polícitos actuales tenían un concepto elevado, optimista del ser humano, pero no así del gobierno, del estado. Llegaron a la conclusión que nadie puede saber mejor lo que le conviene que uno mismo, por tanto era necesario proteger a los ciudadanos de cualquier grupo de tiranos disfrazados de mesías. Lógicamente no lograron establecer un sistema perfecto, pero la intención sigue viva, y en EEUU es el único país del mundo donde los ciudadanos a nivel privado, a través de la opinión pública, pueden derribar a un presidente.

Esto de la opinión pública nos lleva a los medios y a la moderna división de poderes: político, mediático y económico.
El poder político es la suma, la unión de los tres poderes clásicos, ya que a nadie le extraña que actúen como uno solo, porque quien gana las elecciones domina los tres. El mediático es una suerte de unión de los medios de comunicación, la opnión pública y manifestaciones culturales varias, que cuenta con un invento que es el verdadero quebradero de cabeza de los tiranos: Internet. El económico o financiero englobaría a los bancos, grandes empresas y los sindicatos.

¿Cuál es la situación actual en España?

Del ámbito político no vamos a hablar más (excedería la intención de este post). El mediático está controlado en parte por el gobierno, ya que éste realiza unas generosas campañas publicitarias en dichos medios, y además ahora, vemos cómo reparten licencias de emisión entre los que se portan bien y, si no es suficiente, eliminan la publicidad de RTVE y así, el pastel es más grande a repartir.

El económico es otro esclavo del político. Tirones de oreja aparte, entre patronal, sindicatos y banca se reparten unas subvenciones escandalosas con el fin de conservar puestos y no molestar demasiado, dejando las críticas a grupos minoritarios. Esperemos que les salga el tiro por la culata. Las entidades financieras, a cambio de obtener garantías y ciertos respaldos (como las comisiones aprobadas y/o supervisadas por el Banco de España y otros organismos), compran a mansalva deuda pública que emite el gobierno. Tú me rascas la espalda y luego yo a ti: así todos contentos.

¿La solución?

De manera breve expongo algunas medidas que creo firmemente lograrían higienizar nuestro sistema:
  1. Incompatibilizar los cargos políticos con la carrera judicial. No se puede ser juez y parte.
  2. Todo cargo público de responsabilidad debe ser electo. Nada de nombramientos digitales.
  3. Cambio de la ley electoral: un ciudadano, un voto.
  4. Un único senador por provincia, por votación directa.
  5. Toda ley ha de aprobarse obligatoriamente en el Senado, auténtica cámara de representación territorial.
  6. En caso de no privatizar RTVE, toda campaña publicitaria de origen público se realizará a través de los medios públicos.
  7. Fin a las subvenciones descaradas a patronal y sindicatos, que sean elementos independientes (¿no son suficientes las cuotas de afiliación?).
  8. Cerrar el ICO.
Estas son unas medidas de mínimos. Con estos cambios se lograría, como he dicho, higienizar un poco nuestro sistema y, además, podrían destinarse muchos recursos a necesidades perentorias de la sociedad española, como son: modernización del sistema judicial, fomento de la Formación Profesional, pluralidad en los medios, independencia de la patronal y los sindicatos para negociar, etc.

¿Alguien se atreverá a hacer esto y más? Montesquieu no, claro, él está muerto...

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