martes 18 de enero de 2011

4. "Vuelva usted mañana"... O pasado

El empleo público. Vaya dilema, ¿no?

En los últimos tiempos los funcionarios se han convertido en uno de los blancos de las acciones de un gobierno, dizque de izquierdas, decidido aparentemente por cortar la sangría del gasto público. El sector, como es natural, ha protestado para defenderse de ataques políticos y mediáticos, tratando de sacudirse el lejano desprecio (tan incomprendido como, en ocasiones, justificado) que tenemos la plebe hacia los funcionarios de ventanilla. Ya se sabe: Vuelva usted mañana.

Los acólitos e incondicionales de la Cosa, dizque de izquierdas, se han dedicado a defender tales medidas de “su” gobierno tachando a todo el funcionariado como clase privilegiada. De un plumazo volvemos a la lucha de clases (tendré que desempolvar el librito de John Reed para no levantar sospechas).

Sin embargo hay que aclarar varias cosas:

  1. Los funcionarios de carrera se han presentado a unas oposiciones, en la mayoría de los casos con requisitos previos (titulaciones, experiencia) y las han aprobado.
  2. Si las administraciones públicas han convocado plazas que no eran necesarias, no es el problema de los funcionarios, sino de esas administraciones (¿alguien conoce las presiones de los sindicatos para que se convoquen más o menos plazas? Existen).
  3. Hay que diferenciar a los funcionarios de carrera de los empleados públicos con contrato laboral. Es decir, hay una cantidad ingente de puestos públicos a los que no se accede por oposición. ¿Cómo se accede? Ahí está el truco.

Como escribía en el post anterior: debemos cambiar de mentalidad. A nadie con dos dedos de frente, que se pare a pensar cinco minutos, se le escapará la necesidad de funcionarios como policías, médicos, profesores... Pero, ¿es necesario tener en nómina a asesores? ¿Es necesario duplicar o triplicar administraciones? ¿Es necesario convocar oposiciones a lo loco? Parece que no.

La solución tampoco es demasiado compleja, pero a ver quién se atreve a ponerla en marcha: acabar con el clientelismo, sobre todo municipal (“hija mía, ya sabes que el puesto de la oficina de turismo es tuyo... Mientras yo sea alcalde”), estudiar la productividad y rendimiento de los funcionarios (“¿Te has sacado la plaza? Pues ya no te mueve de ahí ni dios”) y, ya puestos, trasladar a funcionarios de un servicio público a otro para evitar nuevas convocatorias, es decir, contrataciones innecesarias (respetando el nivel anterior y con el necesario reciclaje formativo).

¿Alguien se atreverá? Seguramente no, pero tendremos que seguir soñando...

1 comentarios:

P.K. 1976 dijo...

Como empleado público que soy, te doy mil veces la razón. Pero ojo, yo he sufrido el recorte salarial (de un salario que rozaba ya el mileurismo) mientras me sigo pregutnando ¿y el senado para que sirve? Miles de millones de euros al año manteniendo a un grupo de inútiles, porque no son útiles para nada. En EEUU hay un senador por estado (52 en total), en algunos de paises de Europa ni hay senado, pero aquí son centenas de apoltronados los que nos cuestan dinero.

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